Cuando me compre mi primera cámara, era de segunda mano por supuesto, me regalaron un rollo par probarla. Creo recordar que de camino a casa me encontré con Heliana, la convencí de que fuera mi modelo y compre un corazón en la Placita de las Flores. Sí, así es Medellín, trip, trip, trip…
Por fotos como esta es que extraño las cámaras de película, ahora las llaman análogas por contraste a las digitales, te permiten jugar con los fallos y lograr efectos sorprendentes. En las maquinas digitales transgredir los limites suele resultar en ruido.
Esta fotografía pertenece al primer carrete ISO 800 que tome, mi modelo era Marcelita y la cámara era prestada. Como no sabia manejar la maquina a duras penas salieron cuatro o cinco fotos, una lastima. Sin embargo las guardo con mucho cariño por ser las primeras y por el lindo recuerdo que tengo de este pequeño ángel de Medellín.
