Ella siempre estaba ahí, como un una suerte de personaje secundario, un poco cerca peno no lo suficiente para destacar. Ella siempre estaba triste aunque si te acercabas te sonreía como si llevaras en las manos un helado para ella. Era la niña triste. No era infeliz, tan sólo es que estaba tan cerca de ser alegre pero le faltaba algo.
Ya os conté antes que una de las razones por las cuales amaba trabajar con Tatiana es su capacidad para interpretar ante la cámara, para entender lo que buscaba de la foto y transmitirlo con su cuerpo.
A medida que la Medellín del siglo XXI se abría paso engullendo casas y palacios, yo hacia de hiena aprovechando los despojos para mis festines fotográficos. La hierática modelo de esta foto es Eliana, quien colaboro conmigo un tiempo muy corto pero que produjo algunas de mis mejores fotos.
