La preciosa campana espera quieta y segura en la penumbra del templo, toda poderosa, omnipresente, blanca, virgen, dueña de todo y desposeída, bálsamo contra la locura y veneno de la razón.
El mensajero sueña un niño, yo acuno uno en mis brazos, mientras el universo se consume a si mismo en derredor.
Con la fotografía se pueden lograr un montón de cosas maravillosas, la que personalmente me gusta más es el poder de capturar pensamientos. Cuando tu modelo se relaja y acepta la cámara como un elemento más de su entorno, olvidándose de tu existencia, fundiendo al fotógrafo con su maquina, entonces se libera y puedes atrapar pequeñas porciones de su alma. Aquí Eliana nos regala un poquito de su ser.
