Una cosa que extraño de la fotografía en película es su capacidad de adaptarse a las condiciones lumínicas, con un poco de paciencia y esfuerzo por parte del fotógrafo, eso sí. Esta fotografía la tome en plena noche mientras paseaba con Hugo Gris y un grupo de amigos por Medellín.
Cuando nos enamoramos vemos el mundo como un gran salón blanco cuyos limites están más allá del alcance de nuestra vista. El resto del tiempo creo que vemos nuestra vida como un profundo pasillo lleno de puertas misteriosas y transeúntes anónimos. Eso es lo que quiero representar en esta fotografía, tomada en la Universidad de Antioquia (UdeA) y con la amable participación de las hermanas Sandra y Pilar.
A medida que la Medellín del siglo XXI se abría paso engullendo casas y palacios, yo hacia de hiena aprovechando los despojos para mis festines fotográficos. La hierática modelo de esta foto es Eliana, quien colaboro conmigo un tiempo muy corto pero que produjo algunas de mis mejores fotos.
