Marciana iba vestida con una camisa blanca, vaporosa, y estrenó sus gafas de sol. Era un perfecto día de verano. Las mujeres olían a rosas y sus palabras se iban con el viento, con el humo de los cigarrillos. Las palabras olían a cerveza y la gente se tomaba fotografías con brandy.
La etapa que viví en EUA fue una de las más pobres de mi faceta artística. Y es que allá estás todo el tiempo bajo presión, todo la gente está asustada, les da un miedo terrible salirse del manual, de las reglas impuestas por su cultura. El collage que podéis ver sobre estas lineas es una de las pocas obras que cree en esa época.
Cuando compre mi primera cámara, una Zenit EM de segunda mano, tome esta foto para probarla. Una amiga, Heliana, se presto de modelo y la única iluminación que teníamos era una bombilla incandescente. Por supuesto que la foto quedo mal, pero me encanta.
