Mis primeras fotos en blanco y negro las hice en la Universidad de Antioquia acompañado de la que era mi primera novia, Lorena, por allá en el año 1994 más o menos.
Enciendo un cigarrillo, mientras me tomo una cerveza en desechable, en un parque desechable. Sentado en una banca del parque «el Guanábano», solo observo, solo espero ver llegar a los mismos de siempre. ¡Ah! Ahí llega Santiago con su carpetica negra de estudiante de artes…
El fotógrafo puede ser muy técnico, muy limpio, pero la belleza real de la foto está en aquello que se fotografía. Ese ser vivo o inanimado al que dedicas una captura es la verdadera medula de la foto, y el verdadero fotógrafo es más bien quien tiene la percepción lo suficientemente aguda para darse cuenta de su existencia.
