En las más profundas entrañas de nuestra mente yace la atormentada bestia esperando su oportunidad.
Cuando amamos algo o alguien creamos una telaraña de relaciones con aquello, hasta el punto de que se convierte en una pieza de nuestra mente. Creamos una parcela en nuestra memoria para alojar todo lo relacionado con esta existencia.
El tiempo pasa y él no llega.
