Esta foto tiene algo muy especial, y es que no existe interior en la ventana que abre el niño. Casi da la impresión de que uno, el observador quien esta encerrado, mientras el niño simplemente se ha asomado a ver que hay dentro de la caja.
La preciosa campana espera quieta y segura en la penumbra del templo, toda poderosa, omnipresente, blanca, virgen, dueña de todo y desposeída, bálsamo contra la locura y veneno de la razón.
Existen fotos que parecen hablar por si mismas. Esta es una de ellas.
