Una cosa que extraño de la fotografía en película es su capacidad de adaptarse a las condiciones lumínicas, con un poco de paciencia y esfuerzo por parte del fotógrafo, eso sí. Esta fotografía la tome en plena noche mientras paseaba con Hugo Gris y un grupo de amigos por Medellín.
Cuando nos enamoramos vemos el mundo como un gran salón blanco cuyos limites están más allá del alcance de nuestra vista. El resto del tiempo creo que vemos nuestra vida como un profundo pasillo lleno de puertas misteriosas y transeúntes anónimos. Eso es lo que quiero representar en esta fotografía, tomada en la Universidad de Antioquia (UdeA) y con la amable participación de las hermanas Sandra y Pilar.
Ya os conté antes que una de las razones por las cuales amaba trabajar con Tatiana es su capacidad para interpretar ante la cámara, para entender lo que buscaba de la foto y transmitirlo con su cuerpo.
