Sissi permanece lánguidamente acostada, y solo las puntas doradas de los últimos ases de luz mordisquean el torso de su cuerpo.
El mensajero sueña un niño, yo acuno uno en mis brazos, mientras el universo se consume a si mismo en derredor.
Existen fotos que parecen hablar por si mismas. Esta es una de ellas.
