Fin 35 de Luis C. Velázquez

publicado en: Fotografía, Literatura | 1

En esta ocasión os traigo el mágico relato urbano de Fin 35, escrito por Luis C. Velázquez. Otro maravilloso recuerdo rescatado de la antiquísima maravilhion.

De Luis Carlos citaba y relataba la primigenia maravilhion:

Llamador, con Luis C. Velázquez, por Hugo Aguirre
Llamador, con Luis C. Velázquez, por Hugo Gris.

“… Vivimos los días acelerados como dos arañas ebrias danzando en Nahlet el puto lugar imaginario de nuestros gurus superheroes del Yage, Nahlet quedaba a 15’000.000 baretos años luz de la tierra…”

Luego de varios años de estar atrapado en una jaula de libros, por fin se esta coronando la secundaria. Sufre de un crónico síndrome de enamoramiento bimestral.

A mi se me antoja muy parca la presentación para un muy joven escritor, lleno de tímida extravagancia y genio, quien se definía a si mismo como neutro-sexual. Sus relatos son poéticos, psicodélicos y muy urbanos.

Fin 35 por Luis C. Velázquez
Fin 35 por Luis C. Velázquez.

Os dejo entonces con…

 

 

 

 

 

 

 

 

UnoDe lo escrito, me gusta lo que se escribe con sangre dijo Zaratustra en las tierras de Dionisio perseguido y ultrajado.

De ti escribo con sangre y con el espíritu envuelto en un caos esquizofrénico, he destruido 5 bares de la ciudad como un drogonauta viajando mas allá de los limites siderales de la ciudad. Entro como un bárbaro y arrojo las cervezas de las mesas, luego las mesas, lentamente me dirijo donde se ofrecen las gordas botellas, las quiebro con mi bate de béisbol como un podrido skinhead que levanta maricones en la noche, el suelo se llena de ríos de alcohol y vidriecitos que parecen pececitos de cristal, por ultimo me dirijo hacia el barman le escupo el rostro y le digo “Hey viejo vampiro musical nocturno alcohólico, esto no pasaría si aquí estuviera ella, consumiéndose en su destrucción almatológica, bañándose el cabello en cerveza”, me largo cantando “estaba aburrido quería acción”, dejo el lugar putamente destruido, paso por encima de los borrachos, miro a los amantes con repugnancia y les digo a ellos en sus caras de película cursi, gris, cara de guión escrita por Angelita Botero, les digo que me hacen llorar de aburrimiento.

Las balas me pasan cerquita, el cerdo del barman, me esta disparando, maldito urbanicola, no entiende que lo hice porque allí no estaba Judith, siguen sonando plomasos, yo corro como un apache cansado, gritándole barman ciego, artrítico, no me conectaste ni uno.

El ultimo bar que destruí fue “la culebra poética” allí pensaron ellos que yo era algo así como una especie de demente importado, así como esos titulares gringos, joven excombatiente de Viegnan entra a restaurante de monjas, y de 7 rafagazos deja el suelo lleno de hábitos blancos y luego se suicida.

Estaban engañados, no sabían que lo hacia por Judith, porque me había dejado solo en mis montes imaginarios de Carmando, en mis grutas musicales, porque ya no tenia con quien cantar “cúrame esta herida por favor” porque cuando se marcho ebria como era, le prometí a esta ciudad bisexual, que entraría a todos los bares, y si ella no estaba, los destruiría, que dejaría esta ciudad sin bares, que todos esos maricones que se escondían del mundo y ellos mismos en la cerveza, y en los bares; Bagaría, por las calles pillándose las caras de pepos, ángeles desencantados drogados y cansados, con sus alas de heroínas, con sus ojos de cocaína, con sus sexos de alcohol, siempre cumplo lo que prometo, oís Judith, todavía no te encuentro, pero todavía hay muchos bares para cantar “estaba aburrido quería acción”.

 

DosJudith era una peladita rara, de esas que le da a uno ganas de acercarsele y decirle, mujer a usted le doy permiso de que me vuelva mierda el alma, la invito a que nos emborrachemos y dinamitemos el metro.

Tenia un olor a nadaista desahuciada, tenia ojos de anarquista, labiecitos de ángel envenenado, esa peladita sabia como ponerme triste, me ponía tan triste que se me quitaban las ganas de masturbarme pensando en las tetas de Marilin.

Si alguien pudiera destruir esta ciudad es Judith, solo bastaría que soltara sus lobos y listo, todo en ruinas, la ciudad tirada como un drogonauta pisoteado, con SIDA, pisoteado por los elefantes del miedo.

Me decía al oído hey Luis estoy perdida en un negro cósmico, estoy dormida con los recuerdos de otra vida, yo le decía, que bien, que se relajara, que lo mismo le pasaba a dios.

Sandra García por Hugo Aguirre
Sandra García por Hugo Gris.

Recuerdo que una noche bajo los efectos de yage, nos montamos en un bus azul, salimos a las afueras de la ciudad destruimos un convento, todo en llamas y nosotros Jo, Jo, Jo tomando cerveza.

Eso es lo que me gustaba de Judith su capacidad de destruir, ella me destruyo todas las habitaciones de este hotel de existencialista llamado alma. Antes de irse destruyo mi acuario, quemo mi biblioteca, libero a mis búfalos, vacío mi piscina de whisky, degolló mis gatos en mi parque triste, se llevo mi colección de películas de Bergman. Judith era una poetiza del infierno y el caos, por eso me gustaba.

 

TresLa ciudad los sábados parece un pogo aburrido con mucha sangre y muy mala música, un día muy Unicentro, un día para ver películas del oeste y luego tener un fueguito del mete y saca con una desconocida, una venérea segura como mínimo, que horribles son los sábados cuando uno no esta reputeado por el vino, por el tequila.

Los sábados me entraba con Judith para los cines X, a mirar graciosas películas educativas y muy pedagógicas, como “Marcela labios de seda”, “Una sabrosa noche en el hotel Manhatan”, nuestra favorita era “Evelin maquina del sexo infernal y el vendedor de helados”. Cuando salíamos del cine nos sentábamos en el parque, para ver cuantos chicos habían muerto por el hastío, por desilusiones amorosas, o por una dosis inadecuada de Motival o cocaína.

Allí, bajo un árbol de forma femenoide le decía yo, como un lobo asustado: debajo de tu piel hay esmeraldas conquistadas, encima de tu piel yo resucito y me derrito; y ella me contestaba: junta tu monstruo dolido con el mío.

Así pasaron los reputeados días de esta ciudad con techos de bezendrina y bailarinas de ballet lesbianas, esta ciudad de olores de hoteles para faquires y yo ya estaba lo suficientemente reputeado para decirle a Judith que la quería.

 

CuatroFrente a su edificio le escribí con sangre de avestruz “Ay amor hazme brincar sobre el mar, estoy quedándome sin sangre querida”, los polis me persiguieron por toda la oriental, por toda la playa, hasta que me echaron mano en un nigthclub de los testigos de Jehová.

Tres días a bordo de un calabozo frío y marginal, cargo: se acusa al urbanicola de irrumpir en el espacio visual de las calles con letreros subversivos y por atentar contra la ecología, utilizando sangre de avestruz para dichos letreros.

Tres noches con un asesino de dieciséis años, su cuarto homicidio, estaba por una patineta que no le quería entregar un roller, y en la esquina había otro que me miraba con ojos de Andrés Caicedo, ah puto animal de ciudad, era ese peladito, de seguro era escritor.

Judith, toda la noche escribí mi diario de preso, sobre los grises muros escribí para ti “en un ataúd guardo tu tacto y una corona con tu pelo enmarañado queriendo encontrar un arcoiris infinito”.

Cuando salí todo flaco a la luz del sol quise gritar desde el Coltejer “mierda, mierda, ciudad de mierda, policías de mierda”.

Sandra García por Hugo Aguirre
Sandra García por Hugo Gris.

Pero tu me esperabas con manzanas y vino para paladares exquisitos, me arrastrastes a una fiesta cochina en un nuevo y decadente bar, a la entrada en vez de estar petrificados dos figuras egipcias o alguna cosa parecida, habían dos travestíes con trajes azules y dos enormes perros de ojos que gritaban “si te acercas te convierto en eunuco”, yo entendí el mensaje.

El bar se llamaba “Bar Hesse” solo para chicos muy, pero, muy patológicos, tenia letreritos guevones en la pared, como estos “antes de que nos olviden haremos historia”. Un proyector vomitaba imágenes de películas mudas, cuatro adolescentes prematuramente viejas, se mostraban en los brazos, había una pequeña esfera de cristal repleta de pastillas en todos los colores, solo bastaba echar una moneda por la ranura y salía la pastillita.

Pero yo no estaba para fiestas cochinas, ni para convertirme en vídeo cámara humanoide para grabar otro capitulo mas de “los locos jóvenes de la ciudad se divierten”. Quería dormir un poco, mirar por la ventana de mi apartamento el humo gris, arrojar mi televisor por ese agujero, no solo el televisor, también la grabadora y los puercos libros de Og Mandino y Cia., Orinar desde mi ventana al primer calvo que pasara, todo menos fiestas cochinas, no quería grabar, no quería sangre en los muros, no quería pelados depresivos hablando de música y viajes.

 

CincoVivíamos los días acelerados como dos arañas ebrias danzando en Nahlet el puto lugar imaginario de nuestros gurus superherues del yaje, Nahjet quedaba a 15´000.000 baretos años luz de la tierra, estaba todo cubierto por piel de foca y adornado con pálidas y suaves cabezas de Samurái, habían muchos volcanes, ríos y ríos de alcohol y burdeles sagrados, habían replicas de las tumbas de Carl Marx, Hitler, Lenni, Mussolini, para uno cagar sobre ellas mientras se lee el Corán o los libros Vedas, y una tumba de Jin Morrison donde tu decías que veías gnomos y delfines de morfina.

Vivimos rápido y me dejaste rápido como un meteoro enfermo en un parque, me dijiste ahora cantaras para mí esta canción: “voy detrás de ti como un perro infeliz” y yo te prometí a vos desalmada ciudad, que la buscaría en los bares.

Sandra García por Hugo Aguirre
Sandra García por Hugo Gris.

Ahora mi rostro era vomitado por los periódicos y en todos los canales de la tele, era algo así como “el terrible monstruo de los bares”, pasaron como cuatro meses y era el chico mas buscado de la ciudad, ya había destruido como 1300 bares, mejor dicho la ciudad estaba sin bares, estaba llena de vagonautas que buscaban lugar para esconderse del mundo.

Solo quedaba el ultimo bar, el “Fin 35”, se que estabas ahí, esa noche leí un poco de surrealismo y escuche a los Doors, mas tarde caí al ultimo bar que sobrevivía en la ciudad, estaba fuertemente custodiado, pero logre evadir la vigilancia, haciéndome pasar por drogonauta de una organización encargada de concertar a las ratas y las serpientes, entre, habían unos tipos muy locos, muy artistas bien, había una estúpida foto de Chaplin esquiando, y estabas tu ebria, me acerque a tu mesa y te dije “hola nena es tu fin 35”, al otro día me tomaban fotos, y fotos, no recordaba nada, no recordé nada.

Soy el barman de la prisión de máxima seguridad, soy un chico muy famoso, todos esos maricones me recuerdan en los nuevos bares de la ciudad como el terrible monstruo de los bares, y todo por Judith.

 

 

 

Espero que hayan disfrutado de Fin 35, un relato nacido en el Medellín de los 90.

Las fotos que acompañan el relato son las mismas que lo hacían en su presentación original. La modelo es la exótica Sandra García, ella no lo sabe pero todos suspirábamos por ella, y el fotógrafo es el talentoso Hugo Gris.

¡Comentad!

0 0

Una respuesta

  1. […] nos presenta el mágico relato urbano de Fin 35, escrito por Luis C. Velázquez. Otro maravilloso recuerdo rescatado de la antiquísima maravilhion de los años 90. Cuyai está […]

Dejar una opinión